«cuando ven algo que ofrece semejanza
con los objetos de allí, quedan fuera
de sí y ya no son dueñas de sí mismas;
pero desconocen lo que les ocurre por
la insuficiencia de sus percepciones»
Platón, Fedro
«no sé si hay alguien que haya visto
las estatuillas de dentro»
Platón, Banquete
§ 1
Me parece que pueden imaginar que un buen día, yendo por la calle, sienten un olor —medio dulzón, digámos— pero inmediatamente lo olvidan: nunca existió.
Ahora más bien traten de recordar alguna otra vez en que sintieron un olor y algo en él llamó su atención: ya no es un olor, ni un olor dulzón, sino —tal vez— el olor de perfume con un toque de vainilla de su enamorada, o de keke de naranja casi-casi igual al que hacía su abuela, hace poco muerta, o cualquiera de esos aromas o sensaciones que nos hacen buscar con la nariz, con el cuerpo y con la memoria, definiendo, puliendo y precisando hasta que se nos hacen perfectos(1), hasta que casi-casi los hacemos parte de nosotros.
Bueno, esa diferencia entre dos sensaciones (una que no aprehendemos y otra que trabajamos, a la que 'damos sentido') es, me parece, la diferencia entre el estadio estético y el ético, un poco à la Kierkegaard.
(1) Pero esta perfección no es la de la representación, sino la de una dación de sentido de la conciencia: son perfectos para nosotros porque atendemos a su sentido.
§ 2
Kant dice —y Scheler asiente sobre esto— que la ciencia se basa en premisas y a partir de éstas comprende y desarrolla los datos de la experiencia. Kant continúa pensando —y Scheler ya no lo sigue— que la filosofía se mueve del mismo modo a partir de premisas para entender los datos de su propia experiencia. Conclusión de Kant —de acuerdo a Scheler—: el filosofar no es un acto genial, no puede escapar de teoretizaciones anteriores, horizontes externos.
Ahora bien, no sólo soy de los que piensa que la filosofía —como la buena ciencia— es un acto genial, sino que toda vivencia ética y toda experiencia estética verdaderas también lo son.
Yendo un poco más allá de Scheler, no sólo el modelo(2) es en este sentido genial, sino también el seguidor: no por medio de sino gracias a el modelo, el seguidor toma contacto inmediato con el mundo, se libera de horizontes.
(2) Scheler, El santo, el genio, el héroe.
§ 3
Expliquemos esto un poco porque es difícil. ¿Cómo una experiencia de alteridad (la vida de otro, la dación de sentido de otro) puede liberarme de influencias externas? ¿Cómo puede ser la influencia de un modelo un acto genial? Acepto que a primera vista 'influencia' suena a 'dependencia', conque la libertad para mi propia dación de sentido no suena factible por ese camino. Pero si se piensa bien, no es imposible, y nisiquiera complicado: la experiencia mía del otro sigue siendo siempre mía. El modelo es sólo un objeto que me impide encuadrarlo en mi mundo previo, en mis prejuicios: reclama ser tomado desde su propio sentido. Así el modelo es un elemento renovador en nuestra experiencia del mundo.
Más aún, el mundo que nos muestra el modelo en su vivir es tan nuevo para nosotros como él, porque gracias a él —no a través de, ya que a él tampoco lo tenemos hecho 'una retícula'— lo intuimos inmediatamente. A la manera del Sócrates platónico, uno siente que «en alguna parte, en fuentes ajenas y de oídas» ha conocido cosas superiores que no vienen de uno(3). Yo creo que la verdadera ética no está formada sino por esta clase de cosas.
(3) Platón, Fedro 235c-d.

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