viernes, 10 de julio de 2015

[Publicando borradores, no sé por qué] Leer, escribir... igual es difícil...

Mucho tiempo después de la primera entrada (allá por marzo del 2008), me ha vuelto el interés por escribir. El asunto era no sólo las tonterías que puede uno buena o malamante poner en un blog, sino —que era la idea en ese entonces— escribir narrativa, cuentos cortos o incluso novela: este blog era una pequeña sala de ensayo, de pruebas.

Como decíamos ayer...

[Lo único que recuerdo sobre la fecha original de esta entrada es que es de la época en que iba al psicólogo —psiquiatra, de hecho, y entre la depresión y las pepas perdía facultades—, y la publico ahora porque, sin haber cumplido en todo este tiempo su función, al menos como fragmento tiene alguna pinta de haber terminado. Cosas extrañas de los estilos de redacción]
La entrada tiene un título más que nada por formalidad, ya que no tengo buena idea de qué es lo que estoy haciendo. Por un lado, recupera un título que podría desaparecer, pues pienso cambiarlo; por otro, la entrada misma es un intento de recuperar un algo más, mucho más importante. ¿Cómo se escribe? ¿Cómo se redacta? ¿Cómo se avanza en cualquier cosa? De muchos modos, esto no es sino un intento de regresar a un estado anterior.
Mi problema es que por ahora no soy mas que un alguien sin hilo de retorno. Ni un Teseo ni nadie más, simplemente alguien que está donde no debería[,] pero que casi sin memoria a duras penas recuerda un pasado mejor. A lo más un Segismundo que a duras penas sueña con la comparación de sus sueños presente y pasado. Pero volvamos a esto de escribir.
La idea este blog era, recuerdo, desestresarme y tener algo que hacer, y estaba pensado más para llenar mis madrugadas que mis días. Lo que hace ahora más bien es evitar tanto mi tedio como la perdida de habilidades, ya que la comunicación no es lo mío estos días. La sociabilidad no es lo mío estos días. ¿Por qué eso me afecta ahora si antes en general he vivido tranquilo y feliz sin mayor compañía? Esa es de las cosas que tendría que recordar pero no puedo de momento.

sábado, 15 de octubre de 2011

Que el día acabe, que no, o las dos cosas

Existen dos tipos de días: "Los que queremos que terminen rápido" y "Los que queremos que nunca terminen"
@iFrasesRealista

Y sí. Hay días que uno no quiere que acaben, y que cuando se van nos dejan el sabor en los labios y la imagen en la retina. Hay otros, días "x", que queremos que se vayan rápido para empezar con cualquier otra cosa cosa que haya por hacer; muy días "x" porque se olvidan rápido y deben olvidarse. Más aún, no merecen nuestro recuerdo. El gran problema es que el mundo es más complejo que eso, y mal que bien, así como la mayoría de días parecen intermedios, también hay otros que son las dos cosas a la vez.

El que no haya tenido un día así, que lance la primera piedra. ¿Quién no ha vivido un día que no puede dejar atrás, que marca un antes y un después? ¿Quién no ha tenido un día innombrable pero que tiene nombre y apellido para siempre? Y para que se me entienda ¿quién no ha sufrido un día, el peor de su vida, que no quiere que se acabe, un día que no quiere que se vaya nunca? Y para que se entienda: un día en que se vive la certeza de que se acaba de golpe una etapa maravillosa —ahora sólo una etapa— y después no queda más que una despedida y un recuerdo. Uno se encuentra en el último día, en que todavía no tiene que acostumbrarse a que algo ya acabó y puede robarle al Tiempo los últimos momentos. Uno quiere vivir ese momento, robar ese momento. Y sabe que al día siguiente nada será lo mismo. Uno no quiere que ese día se vaya. El día huye y uno no quiere dejarlo ir; quisiera perseguirlo, pero sabe que haga lo que haga, nada cambiará las cosas. Uno es consciente —demasiado consciente— de que todo se cae y ese presente ilusorio se vuelve pasado a cada segundo, porque el Tiempo no se detiene para nadie, ni por nadie, ni por nada. Después de las horas en que se convierte cada segundo, de que se nos han hecho días lo que para otros son un par de horas, uno está demasiado agotado para soportar siquiera un poco más, y quisiera que el día no existiera, pero existe. A uno no le queda más que esperar que ese día interminable se decida por acabar.

En días así, la tan larga despedida de otros días tiene el frío y la calidez del último abrazo: expresión casi contradictoria pero realidad tan contundente. Tan complicado y tan difícil un día así.

martes, 14 de septiembre de 2010

El Otro como motivo de la periagogé ética
(y no, no tiene que ver con Los Morunos»)

Pero todo cambia cuando aparece el otro. Cuando en su isla desierta Robinsón Crusoe encuentra una huella humana todo cambia en su vida, no es la huella de él mismo, o la de un animal, sino la huella de otro ser humano. De la misma manera, cuando Adán despierta de su sueño y encuentra frente a él a la mujer que será su compañera todo cambia. Modificación de mi vida y de mi pensamiento gracias a la llegada del otro.
Francisco Xavier Sánchez Hernández



Debería estar haciendo otra cosa —acabar de leer unos artículos para una revista (perdón profesor Polo)—, pero justo me vino esta idea leyendo uno de los artículos.

¿Dónde está encadenado el hombre de la Caverna de Platón? — entre el primer segmento y el segundo — ¿Y por qué?. Me refiero a esto: (1) el hombre esta encadenado de tal modo que sólo puede mirar hacia las sombras y oir los ecos, y piensa que éstos son el único mundo (primer segmento); (2) luego se libera y es forzado a ver hacia el segundo segmento, donde están las estatuillas y figuras; (3) a partir de ahí es que realiza un ascenso a través de la caverna. En otras palabras, y para aclarar nuestro punto, comienza él, no siendo parte de las mismas sombras y ecos con los que trata, sino estando entre los dos segmentos (el mundo "físico" y su copia); y luego avanza él, no sólo su mirada, a través de la caverna. ¿Qué quiere decir esto?

La pregunta se nos hace particularmente interesante si tomamos en cuenta que no sólo los objetos se hacen más plenos (de ser) sino que la misma subjetividad del prisionero (ya liberado) se hace más rica también. Tomando así la subjetividad y los objetos y su sucesivo enriquecimiento, se nos aparece la pregunta de qué pasa con la intersubjetividad: la relación con estos otros prisioneros, también sujetos, pero también objetos.

Más aún, sí la pregunta por el fenómeno del diálogo en general nos llama la atención dentro la Alegoría de la Caverna, más aún un punto que no es sólo interesante, sino además tocado por Platón en otros diálogos: el otro-modelo. ¿Qué pasa cuando la vida subjetiva del otro es tan rica, tanto en su trato dialógico con los demás, como en sus acciones (políticas, como por ejemplo la guerra) e incluso, mucho más allá, con respecto a la filosofía, que me lleva a notar cosas diferentes en él, tanto su mundo interior como en su subjetividad propiamente dicha (Einstellung, Stimmung) de modo que me fuerza a llevar a cabo una periagogé?. Es de este modo que el Alcibíades del Banquete pregunta a sus amigos en su elogio-venganza de Sócrates «no sé si hay alguien que haya visto las estatuillas de dentro».

(falta terminar)

domingo, 17 de enero de 2010

Apunte rápido

(...) Pues no es otra cosa que el bien
lo que aman los hombres. ¿Tienes acaso
otra opinión?
—¡Por Zeus! Yo no —le respondí.
Platón, Banquete

Si uno malinterpreta a Platón —como suele suceder a lo largo de la historia— uno puede terminar con la idea de que uno ha de tratar con la belleza única, o en el mejor de los casos, tratará con esta belleza tal como se muestra en todas las cosas, de modo que todo tiene la misma belleza, tanto en "cantidad" como en cualidad al llevar a la intuición de la misma belleza. Esto hace pensar que uno debería ser feliz, por el contacto directo con la belleza, en todo momento y en toda circunstancia: al tratar con cualquier cosa, y ya que uno siempre esta tratando con algo, siempre se es feliz. Ahora, esta felicidad, este trato, este contacto, necesariamente es un comprender las cosas; dia-logar —en todos sus bellos sentidos— con el mundo que tenemos delante.

Quisiera dejar en claro desde ahora: de cualquier modo, no estoy en medio del mundo en sí, sino en medio de mi mundo. No sólo las cosas son determinadas, sino que yo mismo, aún liberado por una mirada despierta, sigo siendo determinado y apropiado para determinadas cosas y no para otras, conque hay cosas que no puedo hacer, no puedo entender o para las cuales no soy.

(claro, esta es la parte negativa de mi tesis, que tendría que superar (aufheben))

viernes, 1 de enero de 2010

Ética-estética
(o una respuesta a «¿sobre qué es tu tesis?»)

«cuando ven algo que ofrece semejanza
con los objetos de allí, quedan fuera
de sí y ya no son dueñas de sí mismas;
pero desconocen lo que les ocurre por
la insuficiencia de sus percepciones»
Platón, Fedro

«no sé si hay alguien que haya visto
las estatuillas de dentro»
Platón, Banquete


§ 1
Me parece que pueden imaginar que un buen día, yendo por la calle, sienten un olor —medio dulzón, digámos— pero inmediatamente lo olvidan: nunca existió.
Ahora más bien traten de recordar alguna otra vez en que sintieron un olor y algo en él llamó su atención: ya no es un olor, ni un olor dulzón, sino —tal vez— el olor de perfume con un toque de vainilla de su enamorada, o de keke de naranja casi-casi igual al que hacía su abuela, hace poco muerta, o cualquiera de esos aromas o sensaciones que nos hacen buscar con la nariz, con el cuerpo y con la memoria, definiendo, puliendo y precisando hasta que se nos hacen perfectos(1), hasta que casi-casi los hacemos parte de nosotros.
Bueno, esa diferencia entre dos sensaciones (una que no aprehendemos y otra que trabajamos, a la que 'damos sentido') es, me parece, la diferencia entre el estadio estético y el ético, un poco à la Kierkegaard.

(1) Pero esta perfección no es la de la representación, sino la de una dación de sentido de la conciencia: son perfectos para nosotros porque atendemos a su sentido.

§ 2
Kant dice —y Scheler asiente sobre esto— que la ciencia se basa en premisas y a partir de éstas comprende y desarrolla los datos de la experiencia. Kant continúa pensando —y Scheler ya no lo sigue— que la filosofía se mueve del mismo modo a partir de premisas para entender los datos de su propia experiencia. Conclusión de Kant —de acuerdo a Scheler—: el filosofar no es un acto genial, no puede escapar de teoretizaciones anteriores, horizontes externos.
Ahora bien, no sólo soy de los que piensa que la filosofía —como la buena ciencia— es un acto genial, sino que toda vivencia ética y toda experiencia estética verdaderas también lo son.
Yendo un poco más allá de Scheler, no sólo el modelo(2) es en este sentido genial, sino también el seguidor: no por medio de sino gracias a el modelo, el seguidor toma contacto inmediato con el mundo, se libera de horizontes.

(2) Scheler, El santo, el genio, el héroe.

§ 3
Expliquemos esto un poco porque es difícil. ¿Cómo una experiencia de alteridad (la vida de otro, la dación de sentido de otro) puede liberarme de influencias externas? ¿Cómo puede ser la influencia de un modelo un acto genial? Acepto que a primera vista 'influencia' suena a 'dependencia', conque la libertad para mi propia dación de sentido no suena factible por ese camino. Pero si se piensa bien, no es imposible, y nisiquiera complicado: la experiencia mía del otro sigue siendo siempre mía. El modelo es sólo un objeto que me impide encuadrarlo en mi mundo previo, en mis prejuicios: reclama ser tomado desde su propio sentido. Así el modelo es un elemento renovador en nuestra experiencia del mundo.
Más aún, el mundo que nos muestra el modelo en su vivir es tan nuevo para nosotros como él, porque gracias a él —no a través de, ya que a él tampoco lo tenemos hecho 'una retícula'— lo intuimos inmediatamente. A la manera del Sócrates platónico, uno siente que «en alguna parte, en fuentes ajenas y de oídas» ha conocido cosas superiores que no vienen de uno(3). Yo creo que la verdadera ética no está formada sino por esta clase de cosas.

(3) Platón, Fedro 235c-d.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Sólo dos palabras...

Eso... sólo dos palabras: me estoy haciendo demasiado sociable. Ahora, claro está, el asunto es si eso es bueno o malo. Me explico:

Yo en general, contra lo que dicen mis amigos, no soy precisamente el tipo más gregario de la tierra. Soy de escuchar a todo el mundo y no creo tener alguna razón, ni siquiera repentino impulso -la más de las veces- para tratar de una forma dura o demasiado fría a la gente. Pero eso es muy diferente de ser propiamente "sociable". A mí me gusta principalmente VER a la gente; me apasiona ver cómo se desenvuelve, cómo se lleva con las demás personas: más que ser yo sociable, me encanta ver cómo los demás socializan. Mi afán observador/contemplativo -y por tanto no muy práctico en lo social que digamos- me hace preferir hacerme a un lado para mirar como vive la gente, pero, salvo contadas ocaciones -o con contadas personas- sin realmente interactuar con ellas.

Pero, y he ahí lo crítico -en el sentido etimológico, claro, tampoco es para preocuparse tanto- al volverme gregario propiamente -porque por enésima vez yo no suelo ser así- estoy perdiendo algo de lo que soy. He pasado de observar a actuar, de la filosofía a la política, si quieren.

Y como esta entrada es supuestamente cosa de un par de palabras, sólo quiero terminar con un mensaje de esos curiosos que escribo aquí para que nadie más lo reciba -porque aun me reservo esas cosas de antisocial- aunque algún día probablemente le pase la dirección a alguien:

Saludos a Emilio (ahora conocido como Loco Guitarras), a Jonathan (a.k.a. Satyr), a Lalo, a Alain, a Drogger, a Cabezotas, a Reptil jr., etc.; a mis patas de la parroquia; a Carlos (Aguilar) y las chicas del cole. Y claro, la gente que me está cagando la stoneada del antisocial: sin orden en particular, el Loco Villayzan, Starsky, Pepín, Adolfo, Toti, Eder, Fedra (que anda ahora por la Cato, pero sigue fiel a la Decana de América), Frank (a.k.a. Heráclito) y un largo etcétera en Letras, como Miguel, Dessiree, Melida, Nana, Carlita, Melany... a Milita, que lleva Derecho en la Cato, punto aparte.

Y claro, de sociales (así estamos todos de internacionales): Viaña (a.k.a. Osito), Rodolín (a.k.a. Leoncito), Zayda (a.k.a. Marmota), Claudio, Gaby, Lalo, el Colo, el negro Carlos, Raisa, Ximena, Zopi... y un largo etcétera que se va haciendo más largo (me disculpan el resto de mis alumnos, pero todavía no acabamos ciclo)

Y obviamente a mi primita Anita... y gracias a todos.